Mientras fueron las elecciones, todo mundo hablaba del voto blanco, del abstencionismo, etcétera. Como siempre, la información fue pura moda. Pasado el proceso, ya ni quien se acuerde de que un grupo importante de ciudadanos se manifestó en contra de nuestros representantes. Definitivamente el fantasma de Salinas ronda no sólo en los pasillos de la polaca sino también en el inconsciente colectivo del funcionario indiferente.

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